El extraño placer de ya no estar.

Me da harta pena ya no estar.
O sea sí estoy, jajaja, claramente, pero ahora que caminaba a la oficina, sentí harta pena de ya no parar con mi manada virtual.
Pucha, es bien complicado lidiar con estas emociones. Es que en verdad creamos una comunidad bien bonita en Instagram. Me sentía muy acompañada y encima de todo, sentía que hacía algo bueno por varias personas al brindar información real - verificable y calmar angustias por noticias alarmistas.
Me encantaría seguir haciéndolo. Quiero, pero no quiero. Me nace, pero no me motiva.
No porque no me paguen como creadora de contenido ni nada de eso. De hecho, breve paréntesis para contarte que el otro día me metí a la configuración de mi cuenta de Tik Tok, abandonada deliberadamente desde 2022 y me encontré con que tengo 26 soles por cobrar🤣 De locos, te juro.
En fin, a lo que iba. Recuerdo a mi comunidad constantemente y se siente muy similar a cuando recuerdo ponte a mi promo de la universidad o a mi grupo de amigos del colegio. Una mezcla de nostalgia, cariño y pertenencia. Imagínate nomás, yo que siempre sentí que no pertenecía a ninguna parte. Pero bueno, ese es otro tema.
He contado antes por qué me retiré de las redes sociales de divulgación. De todas, en realidad. Posteo por goteo en mis redes sociales personales; en ese sentido, hace bastante tiempo dejó de interesarme compartir todo lo que hago con medio mundo. Creo que todo empezó cuando me comprometí y luego el matri nunca se dio y terminé con mi novio y al menos mi gente es chismosa pero también respeta y no me hicieron tantas preguntas ni nada.
Así como para darte un bocadillo, al final solo estuvimos separados un mes y cuando decidimos seguir juntos ya no le dijimos a nadie. El resultado: cuento 12 años con él y resulta que para ser feliz había que serlo según tus aspiraciones, no las de los demás.
Ese chisme te lo voy a contar en otra entrada, pero sigue sin ser motivo de este relato-explicación-justificación-comunicado.
Pero bueno, volviendo al meollo del asunto: Instagram ya no es lo mío.
Dejé las redes de divulgación cuando comencé la Maestría porque me saturó al punto de entrar en burnout. DOS veces. Olvídate, en ese periodo abandoné las redes, los “cuándo un café?”, a mi querida compañía de bomberos Miraflores 28 y hasta a mí, figúrate.
Ya acabé la Maestría, solo espero fecha de sustentación, pero aún no he vuelto a los ítems previamente expuestos. Los cafés, porque aaaaaños que no tengo tiempo para estar sola en mi cueva viendo tele y jugando con el celular, huevear-en-mi-cuarto-es-mi-pasión. Mi bomba no la retomo, en parte por lo que acabo de explicarte y en parte porque mi espalda está medio en huelga desde que me hicieron la miomectomía abierta; pity.
Las redes, hoy me di cuenta, no las he retomado porque para serte honesta, lo siento más carga que placer, por mucho que extrañe ese entorno y por mucho que sienta amor genuino por tantos desconocidos que de alguna manera sí llegué a conocer.
Solo me retomé a mí. Me puse a mí primero y en eso estoy, disfrutándome en lo posible, cuando hay un tiempito, porque la Maestría terminó, pero nunca se fueron el trabajo, la docencia, la familia y tantas otras responsabilidades que una va acumulando conforme se hace adulto; quiero-decir-viejo-pero-mejor-adulto-porque-más-suavecito.
Ya no quiero inhibirme ni pensar en qué es políticamente correcto postear. Quiero, y es más, NECESITO sentirme libre. Y siendo un objetivo no compatible con las redes sociales convencionales, pues aquí estoy, escribiendo en un espacio que siento mucho más mío.
No me quejo, nomás te cuento.
Bonito día! 🦬
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