Qué le pasó a Sabrina? - Parte I

—Bri.
—¿Mami? —respondió Sabrina dejando a un lado su diario.
—Hijita, estuve averiguando sobre algunos talleres para el verano.
Se acercó Sicilia sentándose en la cama.
—Hazte para allá.
Se terminó de acomodar bien. La cama era enana.
—Ah… —suspiró—. Bueno, mira.
—Mami, ¿tengo que hacer talleres en el verano? —se quejó Sabrina, harta de las estúpidas «vacaciones útiles», el cantar de todos los años.
—Mi amor, sabes que a papito no le gusta que estés sin hacer nada todo el verano.
—… —Sabrina rodó los ojos hacia atrás.
—Estuve hablando con la mamá de Norita y me recomendó…
—Aj…
—Bri, ni sabes de qué se trata, aunque sea mira —dijo, señalándole el brochure.
—¡¿MODELAJE?! ¡Ay por Dios, mamá!
—No seas apuradita, mira bien.
Sin pizca de interés, Sabrina abrió el folleto y leyó: maquillaje, etiqueta, desarrollo personal, nutrición personalizada, ejercicios aeróbicos, caminata en pasarela…
¿Modelo yo? ¿Qué le pasa a mi mamá?
—¿Frieda Holler? ¿No fue Miss Perú?
—Sí, ella dirige algunas de las actividades, pero el resto va por cuenta de las profesoras. Bri, tú ya eres una señorita…
—Ay, ma, el speech ese de «ya eres una señorita», no, por favor —siguió leyendo—. ¡¿Es todos los días?! No te pases pues, mamá.
—No es todos los días, Bri… tú sabes que solo busco lo mejor para ti. Creo que esto te va a ayudar más de lo que crees. Además, es bueno que conozcas gente nueva, hacer nuevas amigas y…
—¿Y Julieta? ¿Ella no va a ir?
—El otro día Gaby me contó que Julieta irá a apoyarla a la oficina en las mañanas. Además, es importante que comiences a moverte tú sola, hacer nuevas amigas, te va a hacer bien…
—Es que, mami, ¿sin Julieta?
—Bueno, piénsalo y me dices —dijo levantándose de la cama con un poco de dificultad—. Tiene un programa muy bueno para bajar de peso, tú que querías hacer dieta, mejor… —tomó aire para tomar impulso y levantarse completamente— que te orienten las especialistas —concluyó un poco agitada.
—¿Estás bien, mami? ¿Te tomo la presión?
—No, no, hijita, es que me paré muy rápido. ¿Ves? Fuerte como un roble —respondió flexionando los brazos, según ella, mostrando su musculatura, que en verdad era casi inexistente, pero sonriendo, siempre sonriendo.
Pucha, modelaje… pero si no conozco a nadie, seguro va pura pituca del Regatas. ¿Yo qué hago ahí entre tanta regia sin rollos? Aj, va a ser como el cole pero sin hombres, o sea ni para que me guste alguien… nah, quién me va a gustar si está Renato al lado… aunque ni me da bola… encima creo que le gusta Julieta, qué bestia, se ha puesto linda Julieta, súper flaca, obvio que Renato se va a fijar en ella y no en mí… Como dicen todos, «tiene ojos bonitos, pero ahí no más», «es buena gente, pero ahí no más», la típica; o sea, ya no tengo bigotito, tampoco una sola ceja, ya me creció el pelo y no parezco palmera, ¿qué más quieren?...
Sabrina volvió a revisar el folleto. La carátula era una casona grandaza, cerca de la avenida Arequipa. En la primera cara, una mujer bien simple y para nada pituca-regatina sonreía detrás del escritorio, con una bata blanca, como de médico. «Flor María Rebagliatti, licenciada en nutrición», decía la leyenda. Otra foto mostraba una chica ya más regatina, maquillándose frente a un espejo, ojos azules, pestañas enormes. Era linda, aún con el maquillaje a medio poner… fácil esa podría ser Sabrina… pucha, pero no conozco a nadie…
Miró sus piernas fofas y enormes… aj…
—¡Maaaaa!
Sabrina asistió al instituto el primer día con el único vestido que le entraba; ya parecía uniforme, lo usaba casi diario. Le entregaron una lista de «útiles escolares», que incluía: base, delineador, enterizo de licra que ni fregaaaaando me pongo…
Lo primero fue pasar consulta con la licenciada Flor María Rebagliatti, quien no la miró con espanto ni con cara de ser el caso más complicado de toda su vida. Sonriente y ecuánime, le entregó a Sabrina una lista de alimentos que debía eliminar de su dieta, no muchas, felizmente, pero sí las más ricas; incluso armó un menú para cada día de la semana hasta el siguiente control.
Había aeróbicos tres veces a la semana; charm, dos por semana; el resto de horas, cubiertas por desarrollo personal, oratoria, vestuario, maquillaje y pasarela con taco aguja… tacón, punta, tacón, punta. Sabrina no hizo ninguna mejor amiga los primeros días, ni tampoco los siguientes; aunque sí logró conversar con todas las chicas de su grupo sin el menor problema.
Todas las tardes Sabrina siguió buscando a Julieta en su casa, como toda la vida, hasta que llegaba el fin de semana, que a partir de ese verano Julieta se la pasó metida en la casa de su tía en Sol y Mar, mientras Sabrina se soteaba de lo lindo desparramada en su cama, viendo tele y comiendo snacks, pero solo los permitidos. Ni para conversar con Renato, que le seguía gustando, incluso cada día con más fuerza. El problema era que Renato solo tenía ojos para Julieta y, cuando Julieta desaparecía al paraíso del Sur, Renato también desaparecía a su habitación y no daba la cara hasta el siguiente lunes, que Julieta volvía a Lima.
Comentarios
Comentar