Qué le pasó a Sabrina? - Capítulo 5

Sabrina llegó a su primer día de clases con 12 kilos menos y muerta de nervios por quiénes le tocarían en su salón ese año.
Excelente, le tocó con Anne Marie y Pamela… pero también con Aranza, pucha, Sebas, yeeee y Mariella, puta madre…
—¡Oye Bri, estás flacasa! —la recibió Pamela mientras se sentaba en su carpeta.
—Oooooosu —exageró Rodrigo.
—Ja ja ja —fue lo único que atinó a responder Sabrina un poco abochornada.
—Oye, ¿por qué no me llamaste para ir al Regatas, ah? —reclamó Pamela.
—Es que casi no he ido. Fácil un par de veces más luego de esa vez que nos encontramos —respondió Sabrina de color rojo fosforescente por no usar bloqueador.
—Ah, verdad, tu amiga imaginaria —se burló Anne Marie, que se metió a la conversación sin que nadie se diera cuenta y Rodrigo le siguió el chongo riéndose fuertísimo.
—Oye, ¿y tu amiga imaginaria es cuero? Presenta pes, ¿está aquí ahora? —volteó la cabeza Rodrigo, como buscándola.
Aranza distrajo la atención de Sabrina justo en ese momento, porque la miraba fijamente a medida que se acercaba. Finalmente se sentó en la carpeta vacía delante de ella y sin el menor rodeo le preguntó:
—Oye, todavía te recagas por Sebas, ¿no?
—¿Ah? —se descuadró Sabrina—. ¡Nada qué ver!
—Ay, no te hagas, hace rato que te veo mirándolo… ya cuenta, lo has llamado en las vacas, ¿no? Por ahí han dicho…
—¿Llamarlo? ¡Para qué!
—Ay, por favor, todo el mundo sabe que todavía te rechupas por Sebas. Hasta te estás poniendo figurita para él, o me vas a decir que no.
—Ja ja ja —respondió Sabrina con ganas de mandarla a la mierda, pero con miedo a caerle mal.
Sabrina, sin tener la más perra idea de cómo deshacerse de Aranza sin mandarla a la mierda y sin caerle mal, más importante lo segundo, insistió con risa nerviosa que nada que ver y que además había conocido gente en las vacas y Sebas ya no está en mi radar, por siaca, que obvio, era mentira.
Sebas la saludó muy amablemente ese día, como siempre hacía, lo cual le activó cataclísmicamente la idea de llamarlo por teléfono. Toda la semana estuvo en esas… ¿y si lo llamo? ¿Y si está con sus amigos en su casa? ¿Y si me chotea como el año pasado? Para más con Mariella ahora… ¡¿¡¿Y SI MARIELLA ESTÁ EN SU CASA JUSTO CUANDO LO LLAMO?!?! Ay no, me muero.
El sábado estuvo medio distraída con Julieta y Renato, pero el domingo… ah, el domingo se despertó bien tempranito con unas ganas locas de llamar a Sebas. Felizmente justo ese día a Pedro se le ocurrió ir a almorzar al Regatas y luego al cine a ver Dante’s Peak que a Sabrina le pareció la película más alucinante de los últimos tiempos.
El lunes llegó al colegio entusiasmada por contarle la peli a Pamela, sintiéndose genial. Dejó sus cosas sobre la carpeta y se sentó dispuesta a contarle escena por escena la película entera a su amiga, cuando de pronto ve entrar a Aranza al salón directito hacia ella, haciendo puchero.
—Sabrina, cuánto lo siento —dijo inundada de pena y compasión.
Sabrina se quedó mirándola con cara de signo de interrogación, esperando que le explique qué tanto pésame, pero justo la llamó Romina y dejó a la pobre en ascuas.
Pamela la saludó con cara de pena también, bien raro estaba el asunto.
—¡Hola! —dijo exagerando entusiasmo.
—¿Hola? —respondió Sabrina bastante más confundida; o sea, quién se murió que no me enteré.
—¿Qué tal tu fin?
—Bien, fui al Polo con mis papás a ver Dante’s Peak. No sabes, maaaaaldita la película —comenzó a contar la película mientras acomodaba sus cosas en la carpeta.
En eso regresa Aranza corriendo. Se sentó en la silla vacía al lado de la carpeta de Sabrina.
—Pucha, Sabrina, en serio qué pena —dijo con un cachito de sinceridad.
Al fondo, algunos chicos del grupete abrazaban a Sebas mientras Mariella les sonreía desde su carpeta. «A Sebas le gusta Mariella…» apareció en la mente de Sabrina directito desde la entrada de su diario.
—Sebas está con Mariella —dijo Aranza finalmente. Se quedó esperando la reacción de Sabrina.
—Ah… ya me imaginaba que le gustaba Mariella, algo me decía —respondió ella mostrando paz absoluta, aunque por dentro se le estaba rompiendo el corazón en pedacitos.
—Pero qué, ¿no te importa? —preguntó sedienta de chisme para contarle a las demás, tratando de jalar la lágrima se diría.
—No. Si yo también estoy con alguien —respondió Sabrina a la vez que sentía una corriente eléctrica recorrer todo su cuerpo, por los nervios.
—¡¿QUÉ?! ¡Desde cuándo! ¡¿QUIÉN?! ¡¿Es de acá?! —se le notaba francamente sorprendida por la respuesta.
—Se llama Nicolás, no lo conoces. Estamos desde hace un mes —respondió Sabrina; siempre que mentías acerca de un enamorado inventado, tenías que decir «un mes».
Aranza exigió detalles del enamorado escondido y que por qué no le contó nada antes. Menos mal tocó el timbre y no tuvo que meter más relleno; pero en menos de diez minutos y con la primera clase en curso, todo el salón ya se había enterado de que Sabrina estaba con un tal Nicolás y por alguna razón, Sebas se rió un montón cuando el chisme llegó por su sitio.
—Oye, ¿quién es ese tal Nicolás? —preguntó Pamela mientras salían juntas al recreo.
—Es el hijo de unos amigos de la familia de mi papá y nos hemos estado viendo un montón los fines de semana, en la casa de mi abuela. Hace un mes me cayó y ya pues, estoy con él.
—Oye, ¿quién es ese Nicolás, ah? No será como Julieta y es imaginario, ¿no? Ja ja ja —apareció Anne Marie con Ana Lucía al lado, también riéndose.
Pamela se encargó de resumir y contagiar su escepticismo a las demás. Porque o sea, tanto que jodían con que si todavía le gustaba Sebas y recién ahora que está con Mariella, viene con la novedad del enamorado que nadie conoce. No presionaron más. Hicieron algunas preguntas extra que fueron fáciles de responder y decidieron darle por su lado.
—Pero como que ya no está funcionando la verdad. O sea, me gusta y todo, pero como que ya fue creo —agregó Sabrina como para quitárselo de encima lo antes posible. Antes de que se convierta en una relación totalmente estructurada, con boda, hijos y Golden Retriever.
—Oye, ¿y Sebas? —preguntó Anne Marie.
—Bueno… o sea, donde fuego hubo, cenizas quedan, ja ja ja —respondió disforzada—. La verdad sí, algo queda, pero ya no es que me caaaaago por él, o sea, normal.
—Es que también, justo con Mariella —opinó Ana Lucía, que recién se incorporaba al grupo y no había participado en nada de lo de las fotos y la ley del hielo el año pasado.
—Oye sí, me cae más mal Mariella… —comentó Anne Marie.
Sabrina llegó a su casa esa tarde directito a llorarle a su diario. Recién podía darse el lujo de expresar lo que realmente sentía.
“Diario:
Hoy fue un día más o menos… HORRIBLE!!! Sebas está con Mariella!!! Ya sabía que le gustaba! O sea así me haga liposucción jamás voy a ser suficiente para él… JAMÁS! Por qué nadie me puede querer? Tan horrible soy? Y por qué justo con Mariella? Ella feliz y yo sola y con un enamorado completamente inventado y va a seguir siendo así porque es definitivo que nadie me va a querer jamás porque soy un monstruo horrible. Chau.”
Los siguientes días, en el colegio, Sabrina permaneció casi muda. No tenía mucho qué decir tampoco. Imposible salir al recreo con sus amigas confesando los celos locos de ver a Sebas ir de la mano con Mariella a todas partes. Además, paraba bien ansiosa por la comida; era horrible ver a Pamela tragarse un plato entero de tequeños cuando ella solo podía comer una manzana; a lo mucho dos.
Definitivamente no era una opción volver a la falda de colegio talla L que le cerraba con las justas. Por más fuerte que sea el antojo que le provocaban los tequeños de la cafetería. Incluso Álvaro el otro día le dijo que la veía flaca. Pero Álvaro era bien buena gente y Sabrina lo tomó como un halago; por fin un chico, así sea retaco y sin gracia, se fijara en ella.
Encima Aranza se acababa de emparejar oficialmente con Roberto que estaba ahora en quinto de secundaria y era el chico más popular del colegio. Todos querían parar con ellos y cuando Aranza se acercaba a preguntarle qué tal todo con Nicolás, Sabrina se sentía casi en la gloria; era Aranza la que le estaba hablando.
¡Qué lío! Su nuevo grupo era súper tranquilo. Anne Marie se la pasaba burlándose de medio mundo y les contagiaba su risa. A Ana Lucía sobre todo. Y a Pamela se le paseaba la vida; si bien no se burlaba de medio mundo, hablaba con medio mundo y tenía la tendencia de dejarme hablando sola si se cruzaba con alguien más por ahí.
Con ese grupo yo no era invisible, hasta que llegaba alguien más; ahí sí desaparecía por completo. Comenzó a fumar más.
Desde que Aranza la retó a fumar y golpear porque si no era una lorna que solo quería aparentar, de vez en cuando se compraba un cigarro Kent. Uno no más, que vendían sueltos a 10 céntimos en la librería de la esquina. Lo fumaba mientras caminaba de regreso a su casa.
Un día Sabrina fue con Julieta a comprar stickers a la librería. Aprovechó y compró tres Hamilton en la tienda, 5 céntimos cada uno. Los Kent se le habían acabado a la señora.
Llegaron a la casa de Julieta y sus papás no estaban.
—Enséñame a fumar —pidió Julieta.
—¡Yaaaaaa! —respondió Sabrina emocionada.
Sentía que ahora, la cool era ella, porque Julieta es tan cool y me está pidiendo a mí que le enseñe a fumar, ¡qué increíble!
Desde ese día, mínimo tres veces a la semana caminaban a la librería con la excusa de los stickers y compraban puchos sueltos. Julieta solo fumaba uno. Sabrina al menos un par al hilo.
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