Los algoritmos y otras malas decisiones.

barbie calma con fuego atrás

Que por qué me retiré de las redes sociales dicen. Ya mira, para empezar, ni sé cómo así entré 🤷🏻‍♀️. O sea, si sé, pero no es como que aaaaaa por eso fue. Ay no sé cómo explicarlo, pero tú me entiendes.
Empezó la pandemia y descubrí que existía Tik Tok. En la viiiiiida iba a ponerme a grabar videitos bailando o siguiendo trends pues… yo? Ni cagaaaaaaando. Pero mentira porque si terminé haciendo no se qué trends que fueron vistos por unas tres personas más o menos y ahí quedó la cosa.
De pronto un día me pegó en la cara el hecho de que miles de personas se recomendaban entre sí tomar dióxido de cloro y yo en plan: WTF? Así que sin pensar mucho me lancé a la cámara para decirle a la gente algo como: oe no estés tomando cloro pueeeeeh, no seas cuajinais! Que tuvo unas cuantas vistas más con sus respectivos comentarios de loquillos de internet abogando por las maravillas ancestrales del producto.
Y así, poco a poco fui subiendo una que otra advertencia más, todas como para que te de sueño porque de verdad, bien aburrida mi clasesita de Tik Tok, déjame decirte, pero allá al que le interese, que lo vea. Un día hice un video con voz en off hablando de migraña, porque migraña is my thing desde que tengo 13 años y justo tenía migraña en ese momento. Sin querer queriendo puse manos a la obra y me salió un video bien bonis, diver, dramaturgo, no dramático, y sobre todo, informativo. Ese me disparó al algoritmo y mi comunidad comenzó a crecer como señora que adopta un gato que ve en la calle porque “ya bueno, uno más qué importa”; yay por mí 😊!
En esas estábamos cuando nos cayeron las olas de tsunami pandémicas donde la gente caía como moscas. Pánico, estrés, preocupación, incertidumbre; bien feo fue. Por eso mi contenido se orientó justamente a ese tema: decirle a la gente que no panda el cúnico, que el agua bendita de la Beatita de Humay no les va a curar el covid, señor por favor, deje de ingerir estupefacientes y váyase a dormir, y más consejos por el estilo. La verdad es que conecté profundamente con muchas personas que sentía que necesitaban un espacio que informe, calme, acompañe, entretenga, mastique la información para que sea comprensible, porque o sea, FUCK COVID, si o no?

El problema fue que mientras más crecía mi modesto canal en Tik Tok, más presión sentía yo por investigar, por performar, por entregar lo que esperaban de mí. Una especie de SUNAT social donde si tienes seguidores, debes declarar contenido. Súmale a esto la carga que lo médicos llevábamos encima al estar rodeados de tanta muerte; tan feo fue, que por un periodo - corto, menos mal - no había día que hablara con un paciente para su seguimiento y este me contara que fulanito o menganito acababan de fallecer. Su PTM.

Y así fue como me saturé, me crecí y luego me caí. O sea, viví por un tiempo con la necesidad de crear contenido porque si me seguían, mi responsabilidad era entregar producto. Con tanta confianza que gané por ser escuchada, por devorar papers a diario, por la experiencia con tantísimos pacientes, terminé embarrándola en un episodio de mi vida que yo llamo: ingenuamente pensé que los humanos aún conservaban moral y resultó que no. CSM.
Si estás por acá y ya me conocías de antes, sabes a cuál me refiero. Y no me explayo más al respecto en esta entrada porque todavía ando cargando el estrés postraumático - literalmente, con diagnóstico DSMV y toda la cosa -, pero quizá más adelante te suelte el chisme completo, porque como todo en la vida, llega un punto en el que ya te vale madres, dices: por qué no?, y te avientas a la piscina no más, ya luego te enteras si había agua.
Por todos estos motivos, Tik Tok dejó de ser mi espacio seguro. Nos mudamos a Instagram con una parte de mi comunidad. Ahí comenzamos a crecer de nuevo, entre memes, videos y posts que te bajaban la angustia cuando la prensa amarillista publicaba alguna nueva pandemia potencial que nada que ver, pero así son pues, así son.
El problema fue que quedaron algunos rezagos, amigos. Eventualmente dejé Tik Tok for good, sin despedirme ni nada #nosedicesehace y me enfoqué en Instagram, que lo sentía más barrio tranquilo. Pero pucha, me ensarté porque cambió la plataforma, pero no la fauna. Los trolls también estaban mudados en los alrededores de nuestro nuevo local y con tanto huevón con teclado me dije: escúchame Sathya, no, por tu salud mental! #datecuentaamiga. Y si pues. Porque para mí no postear por estar concentrada en mi trabajo, en mis libros, en mi maestría, sumaba a una carga mental voluminosa que me quitaba no solo energía sino también paz. Y no, my love, todo lo que quieras menos mi paz. Así que poco a poco me fui alejando, fui abriendo esa puerta del PTSD, como aguaitando, a ver si ya podía enfrentarlo, más no, recién ahora medio que ya se deja ver sin hacer que arda un reactor nuclear dentro de mi pecho, así que vamos bien, felizmente, vamos bien.

En otras palabras, prioricé mi salud mental y mi paz antes que otra cosa. Logré terminar la maestría y ahora solo toca esperar fecha de sustentación. Me metí a leer otras cosas y finalmente, abrí este espacio para mí, para compartir contigo, dentro de mi zona de confort.
No le debo explicaciones a nadie. Y esto no lo digo con soberbia - caray, ya me puse seria y feeling -, lo digo con toda honestidad. Si hay algo que te puedo decir con toda seguridad, es que cuando escribo me muestro tal y como soy. Por eso mismo estamos acá, así haya tembladera y un poquito de nervios 🫣.
En fin, ya otro día te cuento de mi ansiedad. Que tengas bonito día 🙃.

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