Mi amígdala maneja primero

perrito maneja carro asustado.

Me ha dado la ansiedá otra vez.
Más tarde iré a almorzar con mi papá, como todas las semanas. Suelo ir en mi-taxi-de-confianza, pero hoy me toca ir manejando. Ma-ne-jan-do, entiendes?
Aprendí a manejar de vieja, como a los 30, pero igualito ya llevo un buen trasladándome en carro a lo largo y ancho de la ciudad. Es solo que desde hace unos 2 o 3 años, subirme al carro, arrancar y partir me genera un exceso de cortisol que no se de dónde sale. O sea si sé, de las suprarrenales 🤓, pero así tanto?
Solo pensar en que tengo que subirme al carro en el asiento del conductor ya implica morir un poco con antelación, como por siaca. Y ni siquiera me da miedo morir! Miedo a qué, exactamente, entonces? Ni-pu-ta-i-de-a.
Una pequeña catástrofe empieza a cocinarse en el momento que recuerdo que hoy tendré que manejar. A veces aparece incluso ni bien despierto, como si mi sistema simpático dijera: buenos días, por acá, por favor y juaz, que me avienta a una carrera de NASCAR. Y ni siquiera me he lavado la caraaaaaaa, khómo es posibleeeeeh.
Es tal el aluvión que me viene a la cabeza que ni sé distinguir qué es trigger, qué es trauma y qué es pensamiento racional intentando apagar el incendio con un vasito de agua. Lo que sí te digo es que horas antes de tener que ejecutar la acción, una parte de mí ya está dentro del carro. Ya salió. Ya encontró tráfico. Ya se sintió atrapada. Ya le dio taquicardia. Ya quiso bajarse. Todo esto mientras la Sathya del presente está tomando café en la sala de su casa antes de salir caminando a la oficina. Porque yo camino a la chamba. Si no, te imaginas? La mar de catecolaminas que sería mi día a día, ay no, pobre mi cerebro.
Jodida es la enorme desproporción entre la previa y el desenlace.

*La previa: CSM tengo que manejar, me van a meter el carro intempestivamente, me van a gritar cuando quiera cambiar de carril, seguro se me cruza un alce!
- Sathya, estamos en Lima
- No importa! O a caso es imposible?
Todo maaaaaaal.

*El desenlace: Ya llegué 😅

Lo peor de todo es que SÍ sé manejar. Y manejo bien. Podría quizá entenderse el tener ciertos reparos por lo caótica que es Lima en cuestión de tráfico, pero más caótica es mi mente, te juro. Uf! Muchísimo más!
Tú me ves un día enseñando a una clase de 18 alumnos que recién conozco, me ves otro día deambulando por mi casa con todas las luces apagadas porque me gusta más estar en la oscuridad, por ahí me detengo en la calle para atender un accidente vehicular sin darle ni media vuelta al asunto - con guantes eso sí, siempre con guantes que llevo en la mochila por si las moscas; por todo esto y mucho más, resulta particularmente irritante que porque me toca manejar hoy, mi cuerpo ya decidió recrear un episodio de The Purge para mí solita en lo que me tomó pensar en la acción, realizarla y finalmente llegar al destino, sin el menor contratiempo, por supuesto.
Así funciona la ansiedad anticipatoria. Lo piensas, te preparas, racionalizas, encuentras el absurdo, lo transformas; pero llega tu amígdala a ponerse en plan: muy buena su exposición, doctora, pero igual activaremos el protocolo de evacuación. Caaaaarijo.
Y esto no es de toda la vida, eh? Es como dije, desde hace un par de años. Antes simplemente agarraba las llaves. Después me vi en la necesidad de agarrar valor. Porque si bien es cierto que llevo lo que parece una eternidad trabajando ese problema, poco a poco he ido mejorando. Los tiempos de anticipación se han reducido, la tembladera también, un poco. Falta que mi corazón no diga: bien, allá te va la sangre un poco más rápido por si acaso y que mi cerebro deje de producir películas apocalípticas a razón de Jim Carrey en los 90.
En fin, ahí le mando saludos a mi papá, de tu parte. Bonito día 🫎

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